viernes, 31 de octubre de 2008

Una rosa abandonada en el olvido

Aquella noche había estado lloviendo,
nuestros cuerpos probaron el deseo.
Inesperados encontronazos de nuestra mirada.
El cristal presentía un mal desenlace.
Cuando marchaste, quedé callada,
aturdida en una habitación apagada.
Las lágrimas recorrieron mi soledad.
Tus palabras me hirieron, me mortificaron.
Sigilosa, como una pluma que se aleja,
yo iba impulsada por un viento de mar salada.
Yo allí sensible ante tus malas palabras.
Llorando como una tonta, te fuiste y no te importó.
Me dejaste sola, abandonada como una rosa.