miércoles, 15 de octubre de 2008

La voz de tu cielo me llama

¿Tristeza porque me arrebataste las lágrimas?
Mis penas clavan la memoria del presente.
Volví al pasado buscando un susurro y
encontré tu vida naufragando en silencio.

Una vez más salgo a mirar la mar callada.
Mis manos ya están arrugadas y dolidas.
De niña fui un ave de paso que no callaba.
ahora soy un ser que no se quiere apagar.

El piano se oye en mis sueños diarios.
Un funeral quizás, una línea que mancha.
Unas gotas de lluvia que me desbaratan,
es la voz de tu cielo la que me llama.

Mis ojos escupen lágrimas de arena.
Mi piel se desmorona y se apaga.
Las horas avanzan, caigo al suelo.
Tus recuerdos los guardo en mi pecho.

viernes, 10 de octubre de 2008

Ceiron y el ángel de alas purpúreas

Ceiron y el ángel de alas purpúreas

Mis ojos describen el paraíso omnipresente.
Las heridas sangran la torpeza del ayer.
Mi fiel acompañante y mis alas rosáceas,
El día se esconde y las estrellas renacen.

Una noche en la que deshojamos rosas de vida.
El viento sucumbe delante de nuestras risas.
Un cazador blanco con pelaje rugoso y frágil.
Y el ángel cuchicheando duerme sobre su lomo.

La lluvia golpea a las rocas de nuestro norte.
Apunto de amanecer y el sol se esconde.
Nuestras almas refugian la suerte perdida.
Abrazados los dos, como fuego y cenizas.
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Acto 1: Es hora de marchar

El equipaje debemos recoger.
Un sol comienza a regalarnos su vida.
Los ropajes colocamos en mi espalda.
La bolsa está preparada, podemos marchar.

Puntiagudas mis alas, rojas o rosáceas
escupen gotas de lluvia acumuladas.
Mis manos son garras que se afilan con tu piel.
Tus colmillos apresan las presas al anochecer.

Es hora de marchar tras la guerra perdida.
Las lanzas debemos empuñar en nuestro caminar.
Avanza con cuidado, las piedras resbalan.
Yo pisaré los charcos y la tierra que nos habla.

Un descanso merecido debajo de esta morera.
Las frutas comienzan a salir tras la primavera.
Es hora de cubrirnos y pasar desapercibidos.
Las sombras hablan, cuidado, cierra tu alma.
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Acto 2: La niña de los ojos de plata

Avistamos un pueblo en la hondonada.
Ceiron se esconde para no ser visto.
Las casas de madera escupen humo negro.
Sus chimeneas acogen mi desenfreno.

Antes de llegar a las puertas del pueblo.
Una chiquilla juega con su pequeño pastor.
Yo deshojo una rosa herida en mi corazón
y ella sonríe llamando mi atención.

Ojos de plata, miradas enfrentadas.
Únicamente yo tenía ojos plateados.
Milagro, confusión, hija única,
sin hermanas, el ángel caía arrodillado.

Sangran mis ojos en una tarde de abril.
Se desvanece mi memoria, se apaga.
Se cubren mis manos por el frío.
Me desvanezco cual rosa de invierno.
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Acto 3: El destino nos ha unido

Las luces se abren para mis ojos.
Las velas se derriten en el cuarto.
La niña de los ojos de plata.
Me mira, me paraliza, me desgarra.

La familia mira desconcertada.
El parecido similar los asombra.
El destino los une cual luciérnaga
come sobre el pastel de bodas.

La noche comienza con su derroche.
Juegos y fuegos artificiales.
Fiesta en el pueblo, chillidos.
La plaza quema la agonía allí rendida.

Charlas y charlas, las niñas hablan.
El ángel de alas rosáceas y ojos blancos.
La niña frágil y mimosa de ojos plateados.
El ángel sangra y ella trae agua para curarla.

Sus heridas se calman, y sus almas se juntan.
Vecinos llaman a la puerta de la morada.
Toc-Toc, desechos de vida en las afueras.
La tristeza colma su bienvenida.
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Acto 4 : Más allá de las rocas

Introducción – Narrador.

El ángel que os cuento en esta historia,
es un ser maravilloso, frágil, sutil, hermoso.
Ayudante de la vida de los menos favorecidos.
Su nombre es Ariel, el ángel rosáceo de ojos
plateados y mirada cautivadora. Y el amigo
que le acompaña se llama Ceiron, un lobo
blanco, elegante, fastuoso y pulcro. La niña
de ojos plateados, se llama Esmeralda.

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Ceiron se hallaba herido en todo su esplendor.
Sus heridas rasgaban toda su piel blanca.
Su compañera y fiel amiga quería ayudarlo.
pero su desmayo la había flaqueado.

Diálogos de tormenta en las horas cruciales.
La niña de los ojos plateados hablaba de un milagro.
Hierbas medicinales para curar al recién llegado.
Escondidas en las rocas, más allá de sus memorias.

Esmeralda pone toda su elegancia para ayudar a Ceiron.
Su padre niega de su fuerza, y la hecha para atrás.
Sus puertas se cierran y ella no puede hacer nada.
Sólo toca esperar hasta el próximo amanecer.
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Acto 5: Caída en la derrota

Los jilgueros cantan y dan la bienvenida a un día frío,
el aroma de la lluvia había dejado las huellas secas.
Un frío invernal y correoso llegaba a nuestras vidas.
Ceiron había empeorado y se reflejaba su desconcierto.

La gente del pueblo organizaba una partida al bosque.
Elrond lleno de abetos, pinos y bayas comestibles.
Zorros, pajarillos, lagartos y demás animaluchos.
Animales cobijando a las plantas de aquel lugar.

Mientras la niña de ojos plateados miraba a Ariel.
Esta tocaba con suavidad el pelaje de su amigo.
Ojos de plata, ojos blancos que lloraban la tristeza.
Las gentes del pueblo cuchicheaban a sus espaldas.

La familia de Esmeralda echaba a los curiosos.
Esta había acogido con cariño a Ariel y a su compañero.
Cada vez menos horas para su cura, sus memorias
escondían guerras y aventuras infinitas.

Lloraba desconsolada repitiendo una y otra vez:
No puede desaparecer, es mi vida y mi juventud.
Es el aroma que recorren mis lágrimas prohibidas.
Es el corazón hermanado de mi ida escondida.

Esmeralda calmaba sus lamentos erguidos.
El animal inquieto chillaba por el dolor escondido.
Sus heridas desprendían borbotones de sustancia.
Sangre roja, herida profunda, caída en la derrota.
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Acto 6: La orquídea roja

Escogidos los ayudantes de Esmeralda, el padre
había concedido definitivamente la partida a su hija.
A través de caminos llenos de zarzas y morales
caminaban con cuidado despejando todo a su paso.

El jefe del grupo se hacía llamar Ahsmir el valiente.
Un fanfarrón acomplejado por su gordura infame;
insolente, orgulloso, creyéndose el más fuerte.
Llegaron al destino solicitado, las abejas al frente.

Un aroma amarillento; se decía que era de aquel panal,
donde las abejas se cultivan, para cultivar la miel.
Algunos hombres se abalanzaron sobre el árbol y
el panal cayó con la miel encima de sus cabezas.

Corrían que se desplumaban, picaduras y dolores.
Esmeralda por un instante tenía calma para pensar.
Un plan debía organizar para buscar la orquídea roja,
que yacía escondida en las cavernas debajo del agua.

¡¡Ayuda!!, socorro, me ahogo, grrrrrrrrrr.
Por un instante la muchacha quedó perpleja.
Esa voz le sonaba muy familiar, era un viejo amigo.
Desconocido quizás para muchos, un pescador.

Dentro de la caverna, Esmeralda corría sin sol ni sombra.
Llegaba a su destino y no veía a su amigo. Tiró una cuerda.
Y en ese instante el hombre de mediana edad la sujetaba.
Fuerza para estirar, la patrulla de Esmeralda regresaba y ayudaba.

Sano y salvo, el hombre salía del agua cristalina
y de pronto se visualizaba en sus alforjas la orquídea roja.
Granitos de porcelana colgaban de la mochila del pescador,
eran granos de té para dormir en las noches heladas.

Noche agitada, el grupo en la caverna adormecida.
Paredes grises, figuras extrañas, voces escondidas.
El pescador cayó rendido tras un lingotazo de té.
Esmeralda aprovechaba y corría con las hojas rojas.

Sin pensarlo ni un instante, dejó la caverna y escapó.
La vida de Ceiron corría peligro. Había que salvarlo.
Sus compañeros yacían dormidos y el pescador atontado.
Ariel relamía la llegada de la niña, la de ojos plateados.
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Acto 7: Alegría en su mirada, la despedida.

La llegada de Esmeralda produjo en Ariel una alegría enorme.
Las hojas rojas dio a su madre y esta preparó una infusión.
Té rojo para curar a Ceiron, el lobo blanco y obediente.
Papillas de cereza para calmar las heridas de sangre.

A la mañana siguiente:

Ariel y Ceiron despedían a los pueblerinos del lugar.
Tras el encontronazo de Esmeralda y Ariel, y el parecido
tan alarmante entre las dos muchachas. Un nuevo camino,
y un nuevo destino iba a marcar la vida de estas dos almas.

Continuará…………

martes, 7 de octubre de 2008

Egipcia

Egipcia es una niña a la que puedo admirar
con un velo blanquecino que tapa su rostro.
Egipcia es mi vida, tan olvidada, tan antigua.
Tan renacida, que de pronto empieza a crecer.

Un día que nace con la salida de un sol
ardiente. Un sol que renace constantemente.
Una belleza que puedo ver muy lejos,
es mi ciudad antigua. Antiguo Egipto.

Egipcia es mi alma cuando vive esta vida.
Un sol naciente que me ilumina y me cambia.
Egipcia es mi belleza interior que renace
cada vez que mis ojos ven el sol reluciente.

Oh señor del sol que me das poder para beber,
de estas, nuestras tierras tan fértiles.
Oh señor del sol que me das poder para comer,
de estos, nuestros frutos tan vivientes.

Es un pajarillo el que vuela por encima de mí.
Encima de mi barca voy navegando por el azul
del río nilo. A lo lejos puedo admirar papiro.
La planta que utilizamos para crear suspiros.

En él, suelo escribir todas las tardes;
los pensamientos que salen de mi corazón.
Para Egipcia mi verdadero amor, la que hace
que mi corazón se salga de su interior.

Egipcia, la flama de mi vida que vive en mí ser.
La que se funde en mis sueños hasta perecer.
Prisionero, acobardado fuera de su destino.
A su vera, puedo estar tranquilamente con ella.

Un tesoro que se abre tras las montañas del nilo.
Son monedas de oro en un pequeño cofre inundado.
En lo alto de una palmera se puede ver un pergamino.
Son las instrucciones de uso de este artificio.

En el interior de tan admirado tesoro.
se puede llegar a ver un pequeño puzzle,
con tres posibles combinaciones. Dos manos,
Dos caras, dos cuerpos inundados en vino.

Egipcia es nuestra vida llena de simpatía.
Las manos de la amistad nos dan la felicidad.
Egipcia, nuestra naturaleza llena de alegría.
Dos rostros dándose un beso reflejan amor.
Egipcia es la luna que nos admira cada noche.
Dos cuerpos desnudos en vino, dan la pasión.

Navegando por el río de mis sueños,
voy contemplando como las almas vuelan.
Tan indefensas en su tristeza, ahora
viven felizmente, tras la liberación
de su cárcel de piedra.

Egipcia, mi ciudad emerge de las cenizas.
Oh Egipto, nuestro Dios nos da poder.
Es nuestro señor del sol. Nuestro iluminador.
Oh señor del sol, nuestros días terminan.

lunes, 6 de octubre de 2008

El interior

Ojala pudiera entrar en tu corazón
y sentir lo que tu estás sintiendo.
Vivir de cerca tus emociones.
Vivir de cerca tus sentimientos.
Como un barco de vela,
que se adentra en mar adentro.
Las olas serán tus inquietudes
y el viento, tú pensamiento.
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Uno de mis primeros escritos.
El cual lo estimo mucho y le tengo
gran cariño y admiracion.
A pesar de ser muy cortito el
significado que lleva es muy grande.

viernes, 3 de octubre de 2008

El cristal se volvió gris

Ayer era jueves y hoy es viernes.
Toda la noche pensando en ti.
¿Cuándo vas a venir?
Mi corazón empieza a sufrir.

Han llegado las gotas de lluvia y
con ellas, el cristal se empapó.
Se escurren tus dedos de mis manos.
Te desvaneces y caes al suelo.

El dolor consume a nuestra agonía.
Los lloros saltan al vacío de la noche.
Tu falda se empapa con las flores,
que caen del cielo como algodones.

No se como expresar tanta rabia.
Una furia escondida en mi pecho
quiere escapar de este mal recuerdo.

Lágrimas de sangre que recorren
una vida desmenuzada por el fuego.
Las llamas se convierten en rosas.
Vuelan, y vuelan como mariposas.

La fachada de tu rostro es insolente.
Refleja una oscuridad impotente.
No puedo hacer nada por salvarte.
Refúgiate en mis besos y escaparemos.

La nostalgia enjauló a mi corazón.
Tu momento llegó y se evaporó.
Calma y deseos para nuestra vida
que se esfuma como una mala noticia.

Aún no he escrito nuestro amor.
Una luz se oculta en nuestra vida.
Tus gemidos producen cosquillas.
El bostezo de tu mirada me acaricia.

Alejado de tus caricias de arena

Palpitante está mi pobre corazón.
Alejado de tus caricias de arena.
Un olor denso llega a mis labios.
Sedosos, suaves, cremosos.

El viento corretea entre las flores,
estas cierran sus pétalos de sabores.
Las hojas se bañan del momento,
aguardando a tu frágil deseo.

Besos atormentados de fogosidad,
sucumben ante nuestro hechizo.
Medianoche sobre nuestras miradas
Acariciando nuestras carnazas.

Tus uñas coloreadas en negro,
desfiguran mí rostro semihumano.
Un instante de deseos eternos
vagan sobre nuestros cuerpos.

Caricias que sostienen odio.
Clavándose como aguijones.
La vida ha marchitado mi rosa
y la muerte, la vuelve piadosa.

Tormenta sobre nuestras almas.
Rayos de luz, rayos de añoranza.
Luces que colman mi esperanza.
Buscando a mí media naranja.