LOS COLORES VUELVEN A SURGIR, NOS RODEAN, NOS MIRAN, NOS HABLAN. SON INFINITOS y HABITAN CUALQUIER ESPACIO. ELLOS TIENEN PODERES MÁGICOS Y LOGRAN QUE NUESTRAS EMOCIONES PALPEN LO DESCONOCIDO.
Hoy trinó con fuerza. No lloviznó para derramarse, en cuentagotas la botellita. Tan sólo llovió agua bendita.
Manaba con poca gana, desgana es la que sentía, el vaivén del aire me dormía, y se limpiaban mis hojitas.
Mis pestañas se movían, mis ojitos se translucían, mis manitas salpicaban, con cariño chapoteaban.
El trigal se veía deslumbrante. Y yo la rosa vivía con sonrisa. Don nadie me llamó para amarme. Pero yo seguía como si nada. Bañándome y siendo yo misma.
Poco a poco se vuelve luz pálida. Bloqueo con mis manos las promesas rotas. En el silencio mudo de mi espacio, me agacho debajo de su anhelo.
Las obras de los dioses retroceden en este momento. Para evadirse del poder que otorgan mis manos.
Su pelo largo se acomoda para acolcharse a mí, con las estrellas brillando en el horizonte, la frente del sol brillante me congela, y la luz de la luna otorga su gracia, la brillantez.
La perfección de los cielos se irradia, para desaparecer más allá de mi alcance. Y sin embargo las noches solitarias se pasean lentamente con un candando.
La llave del tiempo avanza despacio. Girando en contra de lo imposible. Forjando lo que todos queremos ver. El amor que nos protege de lo increíble.
No te odio. Más no te quiero Pero tampoco te imploro.
Quizás suplique un poco de respeto. No ser pisoteada por tus ojos. Ni por tu sucia boca. Ni tus garras de bazofia.
¿Pero que quieres de mí? Ya te di todo lo que tenía. Me robaste la vida. Así como una inocencia perdida.
Una chiquillada tuya. O eso decías, creíste tú. Pero no es así, maltrato. Acoso, derribo, insulto.
Humillación tal vez. Ofensa de mi niñez. Indefensa ante la suerte. Inmunda vida que me robaste. Corazón sangrado que me diste, lagrimados rotos momentos, llenos de golpetazos, mi alma es un sepulcro.
Así nacieron. Así crecieron, ojales en forma de luz. recubiertos de fuego azul.
De color cercano a la pasión, de sentimiento rodeando corazón, con aberturas rugosas sensibles. y hojitas sedosamente pulcras.
De arena árida y encandilada, me tragué la leche roja. devorada la leche blanca, savia discordante de su fragancia.
Hermano del fuego que me quemaste. Renazco de las cenizas con ganas. Aún desprecio tu hermanastra, el rosal negro que me odiaba.
Del otoño de ardillas en arboledas, he regresado montada en una bellota, semillita que condiciona tu tez incolora, se sembrará para nacer capullito de rosa.
Creo que nunca mi amable cocinero. ¿Y a un gato saborear nata congelada? Sí ya recuerdo, mi primo la saboreaba. ¿Viste?, una pelea entre el león vs tigre. No recuerdo haberla visto. Sólo te dije. El otro día pude reconocer a un pájaro perro. Es imposible mi amigo, ese animal no existe. Y un gallo perrazo asustaba a mis gatitos. Claro, tus gatazos arañaban a mis pollitos. ¿Viste a mi pequeñín Samuel, gorrión perrito? ¡Como, es imposible! No mi señor, mírelo, existe. El mono pantera asusta todas mis fieras; con au, au, au. Claro la mona doña teresa, lo tiene sin fruta fresca. En mi casa se crió una ardilla de largas patas, de cola marrón, y carita de niña traviesa. Su nombre, Josefa. Y en la mía nacen cada día ardillas negras, y las muy… Sólo quieren comerse las fresas que me prepara mi suegra.
El temporal había amainado y los canales del agua de debajo del tejado no paraban de chorrear. La callejuela se extendía a lo lejos, alumbrándose por momentos, ya que existía peligro de inundación y las bombillas de las lámparas se apagaban y medio encendían. Las golondrinas se acurrucaban del frío presuntuoso, sus nidos cerraban con granos de tierra, traída de la campiña. Los trigos ya habían brotado, la maquinaría los había segado, y la entereza de su alma yacía en calma, como tierra alguna, tierra de nadie, tierra para ser de nuevo labrada.
Las nubes dormían en silencio, se arrastraban por la suntuosa piel del cielo, a rastras, dejando un humillo seco, grisáceo, blanquecino, de paz, aluviones prohibidos, que destrozaron granjas, familias y vidas humanas. Incluso pequeños remolinos de airebatían sus alas por la templaza negrura que se escapaba hacia mar adentro.
Fue un día de mayo. Las cosas no volvieron a ser iguales. El mundo dejó de ser el mismo. Y la vida parecía un cuento. Una historia de nunca acabar. De batallitas fracasadas. De momentos inmaculados.
Me siento destruido.
Este será mi último día en la tierra. Donde las flores no crecerán Y mi paladar no probara bocado. Ni siquiera al manzano de al lado.
Por que las flores fueron bonitas. Y ahora son de papel quebrado. Propias del lugar donde viven. Donde la muerte viste el infarto.
Me siento destrozado
Este será mi último día en la tierra. A base de drogas una vida rancia, quedó hecha trizas por tu fealdad. Que se consume por la ignorancia.
Destruido, destrozado. El último día en la ventana. En el que miraré un sol desolado. Y a su hermana la luna, desintegrada.
A ese angelito al cual mimas, y acaricias con tu pecho, el que derrocha lindos sentimientos sobre ti, y te colma la vida de bellos momentos indescriptibles. Aquel, tu hijo que nació del vientre materno. Pero este es especial, ni es ángel, ni flor del jazmín. Es tuyo, un requiebrillo de piel cálida y ojos claros. Su mirada esconde el deseo de cualquier madre. La hermosura de su corazón palpitante. Que se agita por vientos de levante. Cuando la mar está callada, reaviva su bienestar apegándose a ti, mamá. Sustentándose de su néctar. La savia blanca, sabor a azahar que lo hará crecer.
Entre estrellas de mar nace una noche iluminada, con la luna a un lado, y estas contoneándose. Y la madre reaviva sus ganas de vivir el amor. Porque a su vera la vida recobra pasión.
Y disfrutar su lujuria entre razas, sábanas de mar en sus miradas, odio y ternura en la voz de dos, que miran al prisionero acorralado mientras otros reman sin querer, las ninfas desorbitan todo a placer.
Sus cuerpos perfilan sensualidad, sus ropajes en pos de túnicas claras, con deshojes de turbantes afrodisíacos. emboban a los allí reunidos, los remeros. para conducirlos a su próximo abismo.