LOS COLORES VUELVEN A SURGIR, NOS RODEAN, NOS MIRAN, NOS HABLAN. SON INFINITOS y HABITAN CUALQUIER ESPACIO. ELLOS TIENEN PODERES MÁGICOS Y LOGRAN QUE NUESTRAS EMOCIONES PALPEN LO DESCONOCIDO.
Para ella que renace debajo de las hojas muertas, esas que desvirgaron su suerte anoche cuando cayeron del árbol. Ya nunca más volverá a alegrar mi corazón de mimbre. La locura de amar, la locura de sentirse amado y unido a una vida de altibajos y caminos por los que cruza el río de los malos augurios. Ella amará allá donde este, en aquel lugar lejano al que llaman cielo lleno de estrellas. Esta misma, la luna me dijo una vez que era mi compañera, quien sabe, aún no lo creo, pero cada vez que la contemplo sus rayos de reminiscencias claras me transportan al lugar de donde nacen las prosas de puro sentido multicolor. Ella me comentó, Francisco no dejes de escribir, el sentido y el arte te llenan por dentro, haz de tu vida un paisaje cautivo para llenar de sonrisas a aquellos que no son capaces de sentir esa llama tan viva que renace dentro de ti. Aún miro a través de la ventana, y no dejo de recordarla, mis lágrimas de llanto y esperanza se helaron, para quedar convertidas en bellas frases que ahora os escribo.
Era de noche y la caja aún estaba cerrada. El soporte no se movía, ni siquiera se abría. La chiquilla pensaba en su alma gemela, junto a un vals a la luz de las estrellas.
La luna parecía medio anillo arqueado. El susurro del viento juntaba a dos enamorados. El de pajarita negra y traje engalanado. Ella de vestido rosa y sentimientos encontrados.
De pronto un chirrido, la caja se destapaba. Un poco de aceite para el mecanismo, pues los cilindros y las poleas, aún yacían un poco dormidas.
Mientras los suspiros del verano aparecían. Los sonidos musicados se transmitían. Mientras bailaban adornados por un dulce cantar. Los grillos y alimañas no dejaban de chasquear.
Su pálida tez presentía un sueño enamorado. Un pronóstico en una noche romanticota. Palpitaba su corazón mirando el resplandor. con un vestido rosado miraba a su amor.
Pero esta noche se presentía muy distinta. Las anteriores habían sido simples sueños. Esta era especial, a su amor podía tocar, sus sentidos la hacían tartamudear.
Ráfagas de antítesis oscuras. La soledad perfecta es tuya. El silencio denota la claridad. Claridad de suavizadas locuras.
Anatomía sensible al natural. Vigorosa sensación de humildad. Mantos de aire y ligereza, llevados por el tiempo hasta mi cueva.
Lágrimas desordenadas en mi vida. Cuchicheos de gentes alrededor mía. Manos agrietadas por el abril estornudo. Desmenuzadas por un invierno crudo.
Vida mía no beses mi piel fosca, porque tus labios pueden apagarse. Tráeme la calentura de tu corazón. Violaré tus sentidos hasta explotar.
Una estrella visualizada por mis ojos, caminaba por un cielo decaído. En la negrura habitaba la luna a un lado, sus hijas no dejaban de mirar mis párpados.
Estos desconchados por un solemne sol. Goteaban como una gotera invernada. Llenando la bañera de simples reflejos, los de mi espejo en una noche sufriendo.
El juguete de un niño es un cacharro inerte, muerto, que no hace daño. Pero según en que manos se ponga, puede ser dañino, incluso un arma mortal capaz de quitarnos la vida.